
LA PRIMERA LICENCIA DE PILOTO DE ESPAÑA
La historia del aeródromo de Llanes es una gran desconocida. Poca gente sabe que sus inicios se remontan a las primeras décadas del siglo XX y que atesora un relato rico en episodios que trascienden el ámbito local, mucho más allá de su última etapa, en la que la base llanisca acogió, entre 1944 y 1963, una escuela de vuelo sin motor.
El aeródromo, de cuya desaparición se cumplen en 2023 sesenta años, se hallaba en la Cuesta, una sierra plana situada en el litoral del concejo llanisco, a 140 metros de altura sobre el nivel del mar, entre los pueblos de Cue y Andrín. Tenía una longitud de más de un kilómetro en dirección Este-Oeste y su suelo, compuesto de turba y hierba, difícilmente se encharcaba. A cuatro kilómetros de distancia se encuentra la villa de Llanes, capital del municipio.
El primer piloto que tomó tierra allí fue Léonce Garnier (1881-1963), pasada la Primera Guerra Mundial. El aterrizaje se produjo a bordo de un Blériot XI en 19191, que fue el año en que entraría en vigor en España el Reglamento de Navegación Aérea. El aviador francés prodigaba vuelos de exhibición y en 1913, en colaboración con Heraclio Alfaro Fournier, había puesto en marcha una escuela de pilotos civiles en Lacua (Vitoria).
El segundo piloto que aterrizó en Llanes fue el torrelaveguense Joaquín Cayón Gutiérrez (1891-1932), a principios de la década de los años 20. Lo hizo a bordo de un aparato que «volaba milagrosa e increíblemente con alambres de empacar paja haciendo de tensores en el fuselaje», según comentaría la prensa llanisca2.
En 1926 se establecerían en España las reglas relativas al funcionamiento de los campos de aviación. Por aquella década ya se venía dando a la Cuesta un cierto uso aeronáutico en determinados días del calendario festivo. El 8 de septiembre de 1929, por ejemplo, el aviador Francisco Ansaldo Vejarano intervendría en la fiesta de la Guía con su avioneta, desde la que lanzó flores a la imagen de la Virgen en la procesión. Sería el piloto civil de Santander Teodosio Pombo Alonso-Pesquera el encargado de hacer lo mismo en la misma festividad del año siguiente. Pombo preparó su intervención con minuciosidad y antelación suficiente, y el día 1 de septiembre de 1930 aterrizó en la Cuesta para inspeccionar el terreno. Sin embargo, el día grande de la fiesta, 8 de septiembre, el mal tiempo reinante le impidiría despegar.
PERFILES Y PRECURSORES
En todo caso, Llanes y la aviación habían empezado a unir sus destinos. Una galería de personajes verdaderamente singulares y determinantes irá poblando los primeros años de la historia de la Cuesta, al tiempo que en la opinión pública llanisca iba tomando cuerpo, paulatinamente, la aspiración a dotarse de un aeródromo:
MARÍA DE LA SALUD BERNALDO DE QUIRÓS Y BUSTILLO (1898-1983). Madrileña con orígenes familiares en Llanes. Conocida como Eca Bernaldo de Quirós, fue la primera mujer española que consiguió ser piloto (obtuvo en 1928 el título oficial en la Escuela Civil de Getafe). A los mandos de un biplaza De Havilland 60 Moth hacía vuelos de exhibición y despertaba admiración por donde quiera que pasara. A aquella joven adelantada a su tiempo se la empezó a llamar «Miss Golondrina». Copaba portadas de revistas y periódicos.
Hija de Rafael Bernaldo de Quirós y Mier y de Consolación Bustillo Mendoza (marqueses de los Altares) y sobrina de la marquesa de Argüelles, se había casado en 1917 con su primo Ramón Bernaldo de Quirós Argüelles, primogénito de los marqueses de Argüelles. Al matrimonio se le moriría una hija, con apenas un año de edad, y, posteriormente, la futura piloto perdería a un hijo durante el embarazo. Enviudó muy joven y contrajo nuevas nupcias, esta vez con José Manuel Sánchez-Arjona, alcalde de Ciudad Rodrigo, pero esa unión fracasó. Eca sería una de las primeras mujeres que se acogieron a la Ley de Divorcio de la Segunda República. Después se uniría sentimentalmente al militar José Rodríguez y Díaz de Lecea, su instructor en Getafe, que habría de ser en el régimen de Franco ministro del Aire. No está demostrada la participación de la aviadora en la Guerra Civil, aunque algunas fuentes indican que pudo haber desempeñado al principio funciones de enlace para el bando sublevado.
BENJAMÍN GUTIÉRREZ JUNCO. Nacido en Parres (concejo de Llanes), se había convertido en prófugo en 1921, cuando cruzó la frontera francesa para no incorporarse a la guerra del Rif. En Francia se formaría como mecánico y piloto de aviación. A bordo de un aparato construido casi enteramente por él y pilotado por un aviador apellidado Lefebvre, en 1930 hizo la travesía aérea París-Madagascar.
Al proclamarse la Segunda República el nuevo Gobierno constituido concedió una amnistía, y fue entonces cuando Benjamín Gutiérrez pudo retornar a su tierra natal. Lo hizo en agosto de 1931. Una avioneta Potez 36, a los mandos del francés Pierre Desmazières, en la que viajaba él como copiloto, tomó tierra en una finca a las afueras de Llanes, preparada al efecto por el ayuntamiento como improvisada pista de aterrizaje. La llegada de los aeronautas constituyó un gran acontecimiento y daría un impulso fundamental a la vocación aeronáutica de la localidad. Desmazières y Benjamín, que efectuaron por aquellos días numerosos vuelos y llevaron a bordo al fotógrafo Francisco Rozas Ramírez, que haría la primera fotografía aérea de Llanes, expresaron con vehemencia la opinión de que la Cuesta era el sitio idóneo para un aeródromo o para una escuela de vuelo sin motor. El consistorio tomaría buena nota de ello.
Tras comprar la Potez a su colega Desmazières, Benjamín fijó su residencia en Oviedo y se ganaría la vida realizando vuelos y exhibiciones por el norte de España. En octubre de 1934 llevaría a cabo en Santander una audaz acción de socorro a tres pescadores que se habían visto sorprendidos por un fuerte temporal cuando se hallaban faenando en la Isla de Santa Marina. Un tremendo oleaje hacía imposible que pudieran regresar a puerto, pero Benjamín consiguió arrojarles bolsas de víveres desde su avión y pudieron aguantar hasta que amainó el temporal.
En la Guerra Civil, el piloto de Parres formaría parte del Circo Krone, la variopinta colección de aviones, militares y civiles que había entrado en escena a finales de agosto de 1936 al servicio de la República, y ascendería a teniente en marzo de 1937. El rastro de Benjamín se perdería en Francia en los fragores de la lucha contra los nazis.
RICARDO GARCÍA PORTILLA, apodado Rico, era natural de Cue y emigrante en México. Había empezado a prepararse para volar en 1922. Con el título de piloto obtenido cuatro años después, regentaba en el país azteca una escuela de vuelo y era propietario de una Aeromarine-Klemm 112 HP, comprada en Estados Unidos, que consumía 20 litros de combustible a la hora. En los años 30 solía pasar los meses estivales en Llanes. Viajaba desde México hasta Santander con su avioneta desmontada y facturada en un trasatlántico, y en la capital santanderina, donde era muy conocido, se alojaba en el Hotel México. Al cabo de unos días de estancia despegaba rumbo a Cue, no sin antes sobrevolar a modo de exhibición El Sardinero. Una vez volaría en la Cuesta con Ramón Franco Bahamonde.
Fue de Ricardo García Portilla de quien recibiría las primeras lecciones teóricas y prácticas de vuelo José Yanguas Yáñez, otro de los precursores de la aviación llanisca. Hijo de un mecánico de automóviles, propietario de un taller en la Calle Nueva, Yanguas sacó en 1933 el título de aviador nacional e internacional y labraría su futuro profesional en el País Vasco como piloto civil autónomo. Compró una De Havilland DH 80-A Puss Moth y con ella hacía la travesía Bilbao-Llanes en apenas cincuenta minutos.
Nada más estallar la Guerra Civil, Yanguas fue asignado a la base vizcaína de Lamiaco y hará vuelos de reconocimiento. En agosto de 1936, integrado en el Circo Krone participará en misiones de bombardeo en Villarreal (Álava), y al año siguiente se incorpora a la compañía Air Pyrénées, creada por el PNV para establecer vuelos diarios entre Bilbao y las ciudades francesas de Bayona y Biarritz. Pilotaba un Potez y contaba con la confianza del Ejecutivo vasco. Trasladaba a consejeros y otros altos cargos políticos e incluso llegó a transportar a Francia valijas de suma importancia, para ponerlas a buen recaudo. Implicado en una trama de espionaje y conspiración, acabará traicionando a sus superiores a mediados de junio de 1937, cuando la caída de Bilbao en poder de las tropas de Franco era inminente. A bordo de un Caudron C-448 Goeland, de Air Pyrénées, y llevando a bordo al consejero vasco de Sanidad, Alfredo Espinosa, y a otras cinco personas desde Toulouse con destino a Santander, se desvió por sorpresa de su ruta y aterrizó realizando una sorprendente maniobra descendente en la playa de Zarauz, que era territorio controlado por los nacionales. La llegada del avión estaba prevista hasta en los mínimos detalles por los mandos franquistas, que detuvieron de inmediato a Espinosa y sus acompañantes. Tras ser juzgado en consejo de guerra, el consejero fue fusilado. Yanguas quedó definitivamente instalado en el centro de las sospechas de traición, aunque siempre alegaría que el aterrizaje en Zarauz se había debido a una avería.
LOS AÑOS 30, CLAVES EN EL PROYECTO
Llanes contaba con pilotos y con la disposición siempre favorable a la aviación de todos sus políticos locales, unánimes en el empeño. Sobre esas premisas se darían en los años de la Segunda República, uno tras otro, los pasos decisivos para convertir la Cuesta en aeródromo.
En 1932 se pone en marcha el proyecto. Una comisión municipal fue recibida en Madrid por el director de Aviación Nacional, Álvarez Buylla, y a raíz de este encuentro, la Federación Aeronáutica Española aceptó el compromiso de evaluar las posibilidades de la Cuesta como campo de aterrizaje. En junio aterrizará el capitán Pérez Pardo, delegado de la Federación, para inspeccionar el terreno con vistas a su posible inclusión en el itinerario de la Vuelta Aérea a España. Una de las conclusiones a las que llegó aquel militar fue que la Cuesta no era adecuada para una base militar (la proximidad de la mar era una desventaja), pero sí para albergar un campo auxiliar.
Las expectativas se verán confirmadas poco tiempo después a través de otros militares que llegan en misión oficial para estudiar in situ el terreno. Se trata de una escuadrilla de tres Breguet, pilotados por los comandantes Pío Fernández Mulero (que presidía la Federación Aeronáutica Española desde 1931), Eduardo González-Gallarza y José Rodríguez y Díaz de Lecea. Al año siguiente, 1933, volverá Fernández Mulero, acompañado de Pérez Pardo y del teniente Doménech, y redactará un informe favorable. La Cuesta quedó incluida en la II Vuelta Aérea a España, que tendría lugar en julio, y esto se interpretó como el espaldarazo oficial al anhelado aeródromo. Al propio tiempo, en los presupuestos municipales para el ejercicio de 1933 se destina una partida de 5000 pesetas para empezar las obras.
La Vuelta Aérea contará con la presencia del gobernador civil de la provincia, José Echevarría Novoa, y de su esposa. La primera autoridad provincial volará en el Potez de Benjamín, y su mujer lo hará en el Puss Moth de Yanguas. Curiosamente, tres años después, siendo gobernador civil de Vizcaya, Echevarría se reencontrará en Bilbao con ambos pilotos, en los dramáticos momentos en los que le tocó organizar la defensa de la legalidad republicana frente al golpe de Estado y militarizó los pocos aviones con que contaba la provincia.
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