Fundación del Real Aéreo-Club de España
Por José David Vigil-Escalera Balbona
Jesús Fernández Duro preparando la barquilla para un próximo vuelo.

Al llegar en este vuelo literario sobre el campo de la Historia de la Aerostación, toca ahora descender del aerostato de nuestra ilusión y como directo objetivo posarnos en el Real Aéreo-Club de España (en los primeros tiempos era fácil encontrase indistintamente con las palabras «Aéreo» o «Aero» en el nombre del Club, RACE en acrónimo idéntico al del Real Automóvil Club de España, que rápidamente desvelaremos el por qué).

Jesús Fernández Duro había vivido intensamente las positivas actividades del Aéreo-Club de Francia y piensa en trasladar la experiencia a España como base de un plan de promoción y progreso de la aeronáutica en su patria y tan pronto regresa a Madrid con globo propio inicia los contactos para llevarlo a cabo.

A quienes primero expone su idea Jesús F. Duro, a la vez que los capta para ella con sus invitaciones a volar con él, con lo que consigue entusiasmarlos, es a sus amigos más próximos, que pertenecen en gran parte al Real Automóvil Club de España y que, por status social, podrían afrontar el disfrute de un deporte caro para su práctica individual. Son los hombres de la tertulia del Café Fornos. Nadie mejor para dar fe de aquellos encuentros que uno de sus miembros y además destacado periodista de deportes, leal amigo de Jesús F. Duro, quien firmaba sus crónicas como RUBRYK:

«Éramos un grupo de buenos camaradas, de amigos unidos por estrechos lazos de afecto, llenos de aquella franca alegría que solamente se goza en esos años en que el niño lo cree a uno hombre y el hombre le mira a uno como niño.

»En una mesa del antiguo Café Fornos nos reuníamos, pasada la hora de la comida, Juanito Rugama y Hazas, Juanito Martínez Abades, Eduardo Magdalena, Santiago López Muguir, Julián Pedrero y el que relata esta historia. Cierto día, Rugama nos da la noticia: Jesús Duro (así le llamábamos todos) ha adquirido en París un globo y lo trae a Madrid para hacer ascensiones en él. Estupefacción general. Era entonces conocido el aeronauta como titiritero ambulante que se ganaba el pan nuestro de cada día realizando, de feria en feria, temerarias ascensiones en globos, llenados con humo, en las plazas públicas de los pueblos o en las de toros de las grandes poblaciones. No nos cabía en la cabeza cómo un muchacho joven, de arrogante figura, de excelente familia, de consolidados estudios, exquisita educación y de cierta fortuna, pudiera decidirse a emular glorias que por aquel entonces se creían reservadas a quienes carecían de todo ello, a los que parecían tener por lema en sus empresas, para justificarlas, la lapidaria frase del torero cordobés cuando dijo: “Más cornás da el hambre”.

»Lo cierto fue que Jesús F. Duro llegó a la villa y corte y que días después se desembarcaba en la estación del Norte el globo “Alcotán”, llamado a alcanzar tantísima popularidad en España entera. A la tertulia concurrió Jesús Duro, y desde su llegada fue asediado a preguntas que él, con aquella bondad tan encantadora que le caracterizaba, contestaba cumplidamente. No fueron escasas las bromas que se le gastaron, que sonriente y amable siempre admitía; y no faltó quien llegó a intentar, el hacerle desistir de realizar una empresa no muy en consonancia con la situación social de la que Duro gozaba. Firme en su propósito, con la enorme confianza del verdadero convencido, salía al paso a todo argumento que en contra se le presentaba, y aseguraba terminantemente que, “sobre ser el deporte aéreo el más bonito e interesante de cuantos existían, no ofrecía peligro alguno su práctica, eso sí, cuando se tenía por consejero a la prudencia, y como guía precisa, la técnica”.

»Tanto y tan bien habló, con tanta seguridad en lo que decía, que poco a poco llegó, primero a infiltrar en nuestros ánimos la duda, para más tarde hacer nacer la curiosidad, cuyo remate no fue más que el deseo de probar la aventura.

»Ya el “Alcotán” en Madrid, buscó Duro lugar conveniente para poder realizar sus empresas aerosteras, y tuvo la feliz suerte de encontrar junto a la Fábrica del Gas de Madrid, un solar que la Compañía dedicaba a almacenar carbón, y donde depositó el globo, mientras se llevaban a cabo las obras necesarias para hacer una canalización (instalando una tubería) que permitiera llevar el fluido desde el mismo gasómetro al apéndice del globo.

»Propalose por Madrid la noticia de la llegada del globo, y la curiosidad se despertó, no hablándose de otra cosa. Bastó para ello una noticia que apareció en la sección de Sociedad de El Diario Universal (entonces redactada por nosotros) en la que escuetamente se decía: “El conocido sportsman don Jesús Fernández Duro ha adquirido en París un globo aerostático, en el cual ha verificado ya tres ascensiones en solitario; al realizar otras tres más, obtendrá el título de piloto”» (literal de Román Sánchez Arias – Rubryk).

En realidad Duro ya había realizado en Francia con creces el número de vuelos en solitario necesarios para obtener el título y su cualificación como piloto, y así constaba en el Aero-Club de Francia en París.

Justificaba Rubryk tal omisión, en su historia retrospectiva de la creación del RACE publicada veinte años después en la revista Blanco y Negro:  

«Esto era lo que intrigaba, porque para la consideración de las gentes, el subir en globo equivalía a declararse titiritero de profesión, y no se concebía cómo un “sportsman”, pudiera pretender igualar las hazañas de un Milá, de un “capitán” Martínez o de cualquiera de los demás “capitanes” que se lanzaban a los aires en busca del sustentador panecillo. Por el contrario, la necesidad de obtener un título o “brevet” para poder pilotar libremente por los aires un aeróstato, daba otra percepción social de la práctica de este deporte.

»Acontecía todo esto, amable lector, allá por el décimo mes del año 1904. Mientras tanto, en nuestra deliciosa peña del Fornos proseguíamos con nuestros comentarios, no siempre muy favorables a las intenciones del querido amigo Duro. Él seguía escuchándonos impasible y se reía, con aquella risa tan franca y tan infantil suya, cuando algún agudo chiste salía a relucir en la charla.

»Avanzaba el tiempo, y las obras del gasómetro terminaban. Todo estuvo listo, y ya se preparó la primera ascensión del “Alcotán”, fijándose para el 18 de Diciembre de aquel mismo año. Tuvo el bonísimo Jesús Duro la atención de reservársela a un querido amigo suyo (y muy mucho nuestro), su paisano asturiano D. Guillermo Guisasola, que por entonces se hallaba en Asturias. Dióle el aviso oportuno, poniéndose en viaje para Madrid, mientras él con todos nosotros, bajábamos, aquella mañana de la ascensión, muy temprano, al solar de la Fábrica de Gas para realizar Duro y presenciar los demás, las operaciones propias a la inflación del globo. A las nueve y media, bien sujeto a tierra, el “Alcotán” gallardamente, repleto de gas, lucía esférica figura, esperando, como caballo indómito, la voluntad del que lo mandaba para lanzarse a la carrera.

»A las diez entraba en el solar, encasquetándose en la cabeza su gorra de viaje, pues acababa de llegar a Madrid, el compañero de ascensión, Sr. Guisasola. Subió a la barquilla, donde ya Duro se encontraba “pesando” el globo, y a los pocos minutos, majestuosamente, suavemente, sin violencia alguna, surcaba el espacio el aerostato ante la admiración de todos y las vivas simpatías de un público numeroso que, estacionado en los alrededores del lugar, presenciaba todo aquello. Tomó el “Alcotán” el rumbo SO y a las cinco y media de aquella tarde aterrizaba con toda felicidad a unos diez kilómetros de Oropesa (Toledo), después de un recorrido de 140 km.

»El “Alcotán” era un globo de tela de algodón barnizada, con una capacidad de 950 metros cúbicos, construido en París en los talleres de Maurice Mallet. Esta primera ascensión nos dejó satisfechos a algunos; cuando a la siguiente noche nos relataban los aeronautas su pintoresco viaje… el deseo de subir se apoderó de todos.

»Nuestras discusiones sobre la conveniencia de organizar un club continuaban, y a pesar de todos los éxitos de las ascensiones promocionales que Duro nos hizo y de las que todos bajamos maravillados y entusiasmados, el proyecto no se miraba con toda la confianza debida. Cuando Duro lanzó la idea de ponerse a crear el club, casi por unanimidad se consideró disparatada la proposición; se adujeron un sinnúmero de argumentos, encaminados todos a demostrar el rotundo fracaso de la empresa. Sólo dos callaban: Eduardo Magdalena y yo. (…) La idea era clara en Duro: la práctica individual de este nuevo deporte era costosa, al alcance de solamente personas de posición económica elevada. Pero a través de la formación de un club, con globos de propiedad común, la práctica del vuelo se haría mucho más asequible a un mayor número de personas. Lo que costó organizarlo solo nosotros lo sabemos. Cuando más tarde, tanto por los efectos satisfactorios de las continuas ascensiones que se llevaron a cabo, cuanto por la persistencia en los trabajos de creación del club, se dieron  cuenta los timoratos de que la realización de la idea era un hecho, se sumaron todos y la Sociedad nació. La férrea voluntad de Jesús Fernández Duro y mi sincera amistad para con él, unida a la simpatía sentida hacia este deporte, basaron el edificio que se levantó».

Dos días más tarde, el 20 de aquel diciembre, realizaría Jesús Duro una segunda ascensión, llevando como compañeros de viaje a D. Santiago Liniers (futuro conde de Liniers) y a Don Leopoldo Sainz de la Maza (futuro conde de la Maza). El feliz viaje terminó, previo recorrido de 55 kilómetros, en Villa del Prado.

Continuaba Rubryk haciendo memoria, recordando que el 26 del mismo mes, nuevamente se lanzó a los aires el Alcotán, con Juanito Rugama como pasajero. El viaje fue precioso. Atravesaron Madrid y al pasar por la finca de La Moraleda, que el marqués de Aldama poseía en el término de Hortaleza, hicieron escala para almorzar y proveerse de algún lastre más para el globo. Elevado de nuevo, llegó a alcanzar unos 3000 metros de altura; mas como la dirección que llevaban no le pareciera a Duro muy conveniente, con varios golpes a la cuerda de la válvula, hizo descender el globo, encontrándose entonces en plena Alcarria. Decidieron aterrizar antes de internarse por la Sierra, y así lo hicieron en Budia (Guadalajara), a 90 kilómetros del punto de salida. La nota cómica de esta excursión fue la de haber tomado la gente del lugar a Rugama por el investigador de alcoholes, al presentarse en el pueblo en busca de un carro que pudiera transportar el globo a la próxima estación de ferrocarril.

Terminó aquel año con otra ascensión (29 de diciembre), llevando de compañero a Eduardo Magdalena, que fue la más importante de las verificadas hasta entonces. Tomaron tierra en Villafranca de los Barros, después de recorrer 310 km en unas cinco horas y dio pie a esta gacetilla:

«Anteanoche realizó D. Jesús Duro su propósito de hacer una excursión nocturna en su globo “Alcotán”. Después de lanzar un globo piloto, que tomó la dirección del Sur, el Sr. Duro y su acompañante el Sr. Magdalena, ocuparon la barquilla, y a las nueve y media soltaron las amarras al “Alcotán”, que se elevó con extraordinaria rapidez.

»Ayer llegaron sin novedad a las ocho de la mañana a Villanueva (Toledo). Tomaron lastre y aprovechando la dilatación del gas por efectos del sol siguieron el viaje a las nueve de la mañana. A las dos de la tarde pasaron por Talarrubias en dirección a Portugal…

»En el domicilio de Duro recibieron un telegrama enviado por los expedicionarios, fechado en Huerta (Toledo): “Llegamos sin novedad a las ocho de la mañana a Villanueva (Toledo). Seguiremos viaje a las nueve de la mañana. –Duro”» (Hemos podido constatar que Jesús Duro, al objeto de tranquilizar a sus hermanas y padre cuando realizaba viajes y no pernoctaba en su domicilio, solía poner telegramas dando cuentas de su buen estado).

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TÍTULO: «Fundación del Real Aéreo-Club de España».
AUTOR: José David Vigil-Escalera Balbona.
FUENTE: Texto extraído del artículo publicado en la revista La Conquista del Aire Nº 1 (2023). Puedes adquirirla en loscantabros.es